Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —¿Tienes hambre?
—Hace doce horas que he comido mi último bizcocho.
—Maestro Brown; lleva a este pobre diablo a la cocina.
El encargado de los vÃveres, viejo lobo de mar con una gran barba gris, se quitó de la boca una colilla de cigarro y guió al falso malayo hacia proa.
Ante Tremal-Naik pusieron una cazuela llena de humeante sopa, que él atacó vigorosamente.
—Tienes buen apetito, jovencito —le dijo el maestro, esforzándose por sonreÃr.
—Tengo el estómago vacÃo. A propósito, ¿cómo se llama este barco?
—Es el «Cornwall».
Tremal-Naik miró con sorpresa al lobo de mar.
—¡El «Cornwall»! —exclamó.
—¿Te disgusta el nombre, quizás?
—Todo lo contrario.
—¿Entonces?
—Recuerdo que en una fragata que llevaba un nombre semejante se habÃan embarcado dos indios amigos mÃos.
—¡Anda! ¡Qué coincidencia! ¿Y cómo se llaman?
—El uno Palavan y el otro Bindur.
—Estos dos indios están aquÃ, jovencito.