Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —Por consiguiente, matando al capitán con él desaparecerá el secreto.
—Sin duda; pero tememos que la fragata vaya a Raimangal a asaltar a nuestros hermanos.
—No os habéis engañado, pero la fragata no desembarcará a sus hombres.
—¿Cómo? ¿Por qué?
—Haremos que salte por los aires antes de que llegue a la isla.
—Cuando tú lo quieras prenderemos fuego a la pólvora.
—¿Cuándo creéis que llegaremos a Raimangal?
—Hacia medianoche.
—¿Cuántos hombres hay a bordo?
—Un centenar.
—Está bien. A las once mataré al capitán y luego volaremos el barco. Una palabra más.
—Habla.
—Es preciso que el capitán duerma profundamente a las once.
—Echaré un narcótico en su botella de té frÃo —dijo Palavan.
—¿Se podrá llegar a su camarote sin ser visto?
—El camarote comunica con la baterÃa. Esta noche la puerta estará abierta.
—Con esto basta. A las once venid a buscarme.