Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Suyodhana se agazapó como para lanzarse contra ella, pero lo detuvo el miedo de llegar demasiado tarde.
—Escucha, Virgen de la pagoda —dijo, aparentando una calma que no tenÃa—. Ese hombre se salvará, pero tú has de jurar que no le amarás jamás. ¿Lo juras?
Ada lanzó un gemido desconsolado y dijo entre dientes:
—¡Maldito!
—¡Júralo! —apremió Suyodhana.
—¡Bien…! —exclamó la infeliz con voz apagada—. Yo… yo juro… ¡que dejaré de amar a ese hombre…!
Lanzó un grito desesperado y cayó sin sentido sobre las esteras El indio rompió a reÃr.
—Tú has jurado que no le amarás —dijo con alegrÃa satánica, recogiendo el puñal que la jovencita habÃa dejado caer—. Pero yo no he jurado que saldrá vivo de aquÃ.
Se llevó a los labios un silbato de oro y lanzó una nota agudÃsima.
Entró un indio, con el lazo como cinturón y tomando el puñal se arrodillo ante Suyodhana.
—Heme aquÃ, hijo de las sagradas aguas del Ganges —dijo.