Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —Ése hombre no saldrá vivo de aquà —prosiguió el indio con feroz complacencia—. QuerÃa desafiarnos, ¡a nosotros, que hacemos temblar a Inglaterra! La serpiente entró en la cueva del león y el león la devorará.
—¡No lo hagas!
El indio se puso a reÃr.
—¿Quién se opone a la voluntad de nuestra divinidad?
—Yo.
—¿Tú?
—SÃ, miserable: ¡mira!
Con un movimiento rápido, Ada dejó caer el sari, se armó de un puñal de hoja sinuosa, bañada en veneno, y se lo llevó a la garganta.
—¿Qué quieres hacer? —preguntó desconcertado el indio.
—¡Suyodhana! —dijo la joven con un tono de voz que no dejaba lugar a dudas—. Si le tocas un pelo a ese hombre te juro que tu diosa perderá a su sacerdotisa.
—¡Tira ese puñal!
—¡Suyodhana! Jura por tu diosa que Tremal-Naik saldrá vivo de aquÃ.
—Es imposible. Ese hombre está ya condenado; su sangre está destinada a la diosa.
—¡Júralo! —gritó Ada con tono amenazador.