Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —Virgen de la pagoda sagrada —dijo finalmente el indio—, corres un gran peligro.
Ada se estremeció. El acento del indio era sordo y misterioso.
—¿Dónde estuviste anoche? Me dijeron que entraste en la pagoda.
—Es cierto. Me mandaste perfumes y los derramé a los pies de tu divinidad.
—Querrás decir de nuestra divinidad.
—SÃ, de la nuestra —se corrigió la joven entre dientes.
—¿Qué has visto en la pagoda?
—Nada.
—Virgen de la pagoda, corres un gran peligro —repitió el indio con voz todavÃa más amenazadora—. ¡Lo he descubierto todo!
Ada dio un paso atrás, lanzando un grito de terror.
—¡Sà —prosiguió el indio con rabia—, lo he descubierto todo! Amas a un nombre que viste en la jungla negra. Ese hombre desembarcó anoche en nuestro territorio y después de atacarnos, después de haber cometido un horrible delito, desapareció, pero yo sé que entró en la pagoda y no voy a dejar que nos engañe.
—¡Mientes! ¡Mientes! —exclamó la desventurada muchacha.