Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —Está condenado —dijo con voz temblorosa—. ¡Ese hombre morirá!
Tremal-Naik, que se habÃa quedado solo, se habÃa dejado caer a los pies de la estatua mientras el corazón le latÃa furiosamente. Nunca habÃa experimentado tanta emoción y alegrÃa en su vida solitaria entre serpientes y tigres.
—¡Pobre Ada! —murmuró para sà con gran ternura—. ¿Qué destino pesa sobre ti? ¿Por qué no puedes amarme? Has dicho que la muerte acabará con tu vida el dÃa en que te conviertas en mi esposa; pero yo detendré a la muerte, con mis propias manos. Desvelaré este tremendo misterio y ese dÃa temblarán los desalmados que te condenaron.
Después se levantó y se puso a pasear, agitadÃsimo, hasta que oyó las agudas notas del ramsinga.
—¡Maldito instrumento! —exclamó—. ¡No deja de sonar!
Se estremeció ante el pensamiento que pasó por su cerebro.
—Ese sonido anuncia una desgracia —murmuró—. ¿Me habrán descubierto o habrán matado a Kammamuri?
Contuvo la respiración aguzando el oÃdo. Le llegó un murmullo de voces que parecÃa proceder de fuera.
Miró a su alrededor con temor, pero estaba completamente solo; miró a la abertura de la pagoda, pero estaba libre.