Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Le habÃa parecido ver una masa negra moviéndose silenciosamente entre los bambúes; tenÃa más la forma de un animal que la de un ser humano. Olfateó el aire y notó un olor a fiera muy pronunciado.
—Atención, Kammamuri —murmuró—. Tenemos cerca a un tigre.
Se colocó entre los dientes el cuchillo y avanzó intrépidamente hacia el estanque, mirando cuidadosamente a su alrededor. Esperaba encontrarse de un momento a otro ante el feroz carnÃvoro, pero llegó a los árboles sin haberlo visto siquiera.
Tremal-Naik estaba en el mismo lugar que antes y parecÃa adormilado, de lo que se alegró el maharata. Se colocó al lado la carabina y las pistolas para estar preparado para utilizarlas, masticó las hierbas a pesar de su insoportable amargor y las aplicó sobre la llaga.
—Asà está bien —dijo frotándose alegremente las manos—. Mañana el señor estará mejor y podremos alejarnos de este lugar, que no me parece muy seguro. Dentro de unas horas los indios irán a la jungla y al no encontrar el cadáver se pondrán a buscarlo y…
Un rugido terrible le interrumpió la frase. Volvió rápidamente la cabeza, alargando instintivamente las manos hacia las armas.
AllÃ, a quince pasos de distancia, habÃa un enorme tigre real que lo miraba con dos ojos que brillaban con reflejos acerados.