Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Aghur tomó una sopera de cangi, sopa muy densa de arroz, y se la llevó a Manciadi, que se puso a comer con voracidad de lobo. Después de haberle recomendado que se mantuviera bien vigilante y que diera la alarma en cuanto olfatease algún peligro, Aghur se apresuró a volver a entrar en la cabaña cerrando la puerta para mayor precaución.
Apenas había desaparecido cuando Manciadi se puso en pie. Sus ojos se habían encendido de improviso y en sus labios se dibujaba una sonrisa satánica.
Se acercó a la cabaña y apoyó su oreja contra ella escuchando con profundo silencio. Estuvo así bastante tiempo y luego partió con la rapidez de una flecha para detenerse una media milla más allá.
Acercó sus dedos a los labios y emitió un agudo silbido. Del sur le respondieron otros dos silbidos y luego la jungla volvió a su silencio y misterio.