Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —Este animal me parece que no es demasiado cortés —dijo Manciadi, esforzándose por sonreÃr.
—No tengas miedo de Punthy; te defenderá, amigo —le tranquilizó el maharata.
Amarrada la canoa, llegaron a la cabaña ante la cual vigilaba el tigre. Extrañamente, también él se puso a gañir de forma nada amable, mirando de través al recién llegado.
—¡Oh! —exclamó éste espantado—. ¡Un tigre!
—Está domesticado. Quédate aquÃ: voy a ver al patrón.
Kammamuri y Aghur entraron en la cabaña. Tremal-Naik dormÃa profundamente y soñaba, porque de sus labios salÃan palabras entrecortadas.
—No vale la pena despertarlo —susurró Kammamuri volviéndose hacia Aghur—. Ya le hablaremos mañana del recién llegado. ¿Qué te parece ese Manciadi?
—Tiene aspecto de ser un buen hombre y creo que nos ayudará valiosamente.
—Yo también lo creo. Le encargaremos a él que vigile hasta mañana.