Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra ¿Qué tenÃan en el pecho?
—Me parece haber visto un tatuaje.
—Eran los de Raimangal —dijo Kammamuri—. Continúa.
—Empuñé el cuchillo —prosiguió Manciadi, que todavÃa temblaba de espanto— y corté la cuerda. Corrà mucho tiempo, perseguido de cerca, y cuando llegué al rÃo me eché a él de cabeza. Pero la corriente me arrastró y cuando topé con aquel tronco me agarré a él y asà he llegado hasta aquÃ.
El maharata pensó un momento y luego preguntó:
—¿Has dicho que eres cazador?
—SÃ, y valiente.
—¿Quieres venir con nosotros?
Un extraño relámpago brilló en los ojos del bengalÃ.
—Nada me parecerÃa mejor —se apresuró a decir—. Estoy solo en el mundo.
—Está bien, te adoptamos. Mañana te presentaré al amo.
Los dos indios, que mientras tanto habÃan llevado la canoa a la pequeña cala, desembarcaron. Punthy se lanzó contra el bengalà ladrando rabiosamente.
—Silencio, Punthy —dijo Kammamuri reteniéndolo—. Es uno de los nuestros.
El perro, en lugar de obedecer, se puso a gruñir amenazadoramente.