Los Tigres de la Malasia
Los Tigres de la Malasia -Los árabes antiguos, querido- respondió el portugués-. ¿No sabes que aquellos intrépidos navegantes conocieron y recorrieron estas regiones cuando todavía europeos ignoraban que existiesen en esta parte del globo las grandes islas malayas? Tú no sabes que existió un hombre llamado Tolomeo, y que vivía en el año 166 del nacimiento de Jesucristo; pero puedo decirte que ya en aquella época los árabes conocían perfectamente a los malayos; el Quersoneso Aurea, donde colocaban el monte Ofir, que no era sino el Sumatra; Glabadiva, que es la Java actual; los sátiros, que son los batias; mejor dicho los antropófagos. ¡Eh! ¡Mira el peregrino que se adelanta! Ese bribón se dejará abrasar las plantas de los pies para hacer creer a sus fanáticos que es un semidiós, ser superior, un verdadero descendiente del gran Profeta. ¡Admiro su fuerza de voluntad y su presencia de ánimo!
-¡Yo lo mataré de un tiro de fusil o de bombarda! Repuso
-No cometeremos tal asesinato, amigo mío. Debemos ser los últimos en contestar a las provocaciones. Somos personas civilizadas.
Un grito enorme les advirtió que el peregrino iba a salir del campamento para demostrar al hombre blanco y a sus guerreros su invulnerabilidad y su poder de ente superior.