Los Tigres de la Malasia
Los Tigres de la Malasia Habían dejado atrás cinco o seis millas sin que hubiera sucedido nada, cuando Yáñez descubrió bajo las sombras de la floresta unos puntos luminosos que aparecían y desaparecían con gran rapidez.
Parecía como si hombres con antorchas corriesen desesperadamente por entre los árboles, ocultándose de pronto entre la maleza. Enseguida se oyeron en varias direcciones silbidos, que no procedían de las serpientes.
-Son señales- dijo el mestizo, previendo la pregunta que Yáñez iba a hacerle.
-No lo he dudado- respondió el portugués, que comenzaba a inquietarse otra vez.
-¿Qué nueva sorpresa nos preparan?
-No será mejor que la otra, señor. Quieren a toda costa impedirnos llegar al embarcadero.
-Comienzo a perder la paciencia- dijo Yáñez-. ¡Si al menos se mostrasen y atacasen de un modo resuelto!
-Saben que somos fuertes y que no nos falta buena artillería, señor, y por eso no intentarán asaltarnos.
-Instintivamente siento algo que me dice que esos bribones preparan algo malo contra nosotros.