Los Tigres de la Malasia
Los Tigres de la Malasia -¿Qué ha sucedido?- gritó Yáñez-. ¿Hemos encallado?
-No, mi capitán- contestó Sambigliong, que se había lanzado hacia la proa-: el Mariana flota.
Con un golpe de barra el mestizo puso en ruta el barco; pero de nuevo chocó, y el Mariana volvió a desviarse, retrocediendo algunos metros.
-¿Qué es esto?- gritó Yáñez acercándose a Sambigliong-. ¿Hay una línea de escollos delante?
-No veo, capitán.
-Pues no podemos pasar. ¡Mandad bajar a alguno al agua!
Un malayo ató una cuerda y se deslizó por ella, mientras el velero volvía a enderezar el rumbo.
Yáñez y Sambigliong, inclinados sobre la amura de proa, miraban con ansiedad al malayo que se había echado a nadar para descubrir el obstáculo que impedía la marcha del barco.
-¿Es una escollera?- preguntó Yáñez.
-No, capitán- respondió el marinero, que continuaba buceando de cuando en cuando, sin cuidarse de los caimanes que podían merendársele las piernas.