Los Tigres de la Malasia
Los Tigres de la Malasia A través de la espesura vio pasar todavÃa puntos luminosos, los cuales se alejaban con velocidad fantástica.
-¿Qué será lo que esos tunantes estarán preparando?- se preguntó, no sin alguna preocupación.
-Señor Yáñez- dijo Tangusa, que habÃa dejado el timón inútil entonces-, en la orilla derecha he visto luces.
-¿Serán los dayakos que estarán reuniendo nuevamente nueces de coco? Hace ya un buen rato que estamos viendo pasar luces.
Al poco rato soltó una imprecación. HabÃa visto elevarse de entre la maleza de las dos orillas treinta o cuarenta cohetes que rompieron la oscuridad densÃsima que reinaba bajo los árboles.
-¡Ponen fuego a la floresta esos miserables!- gritó.
-¡Y eso sà que es peor!- añadió el mestizo con voz alterada, por el espanto-. Todos esos árboles están rodeados de giunta wan , saturados de caucho.
-¡Podada!- gritó el portugués, dirigiéndose al hombre que mandaba la chalupa-. ¿Podréis resistir vosotros solos?
-Tenemos nuestras carabinas, señor Yáñez.