Los Tigres de la Malasia
Los Tigres de la Malasia -¡Por Júpiter!- exclamó Yáñez-. ¡Me habÃa olvidado de contestar a ese amigo!
Hizo con las manos portavoz, y gritó:
-¡Si quieres mi barco, ven a tomarlo; pero te advierto que tenemos pólvora y plomo en abundancia! ¡Y no me des más la tabarra, porque tengo quehacer en este momento!
-¡El peregrino de la Meca te castigará!.
-¡Ve a que te ahorquen con tu Mahoma! ¡Te encontrarás muy bien en su compañÃa!
Sambigliong hizo calar la chalupa, y mandó seis hombres a cortar la cadena.
-¡Atención, artilleros de babor, y proteged el descenso!
La más pequeña de las embarcaciones flotó, y seis malayos armados de pesadas hachas y de fusiles saltaron dentro.
-¡Picad firme y, sobre todo, pronto!- les gritó el portugués.
Enseguida se subió en la amura de popa agarrándose a una cuerda, y miró con atención hacia la orilla desde la cual habÃa salido la voz del peregrino misterioso.