Los Tigres de la Malasia
Los Tigres de la Malasia Después de estas palabras, que demostraban su serenidad de ánimo, se volvió al malayo, que estaba todavía en el agua, y le preguntó:
-¿Es muy sólida la cadena?
-Es de ancla gruesa, capitán- contestó el marinero.
-¿Dónde la habrán encontrado estos salvajes? Porque no creo que hayan aprendido a fabricarlas. ¡Ese peregrino les ha enseñado a hacer maravillas!
-Capitán Yáñez- dijo Sambigliong-, el Mariana da de través. ¿Mando echar un anclote?
El portugués se volvió a mirar al velero, que no pudiendo avanzar, no obedecía al timón y comenzaba a virar sobre estribor, yéndose hacia atrás con lentitud.
-Cala un anclote de pincel, y prepara la chalupa. Es preciso cortar esa cadena.
El ancla cayó con rapidez, hundiéndose pocos metros, pues en aquel sitio el río no era muy profundo, y el Mariana se detuvo, enderezándose enseguida con la proa a la corriente.
La misma voz de antes, pero más amenazadora, salió de entre la espesura repitiendo la intimación:
-¡Rendíos, u os exterminaremos a todos!