Los Tigres de la Malasia
Los Tigres de la Malasia -La cosa es tan poco interesante, que no vale la pena que te la explique- respondió Yáñez-. Tú, en cambio, eres el que debes darme ciertas explicaciones que me has prometido.
-¿Qué explicaciones?
-Saber, por ejemplo, quién te ha mandado que embarrancases el barco en el banco de arena.
-¡Le juro, señor!...
-¡Déjate de juramentos! Es inútil que te obstines en negar: eres un traidor y te tengo en mis manos. ¿Quién te ha pagado para que destruyeras mi nave? Porque tú ibas a incendiarla.
-¡Esa es una suposición de usted!- balbució el malayo.
-¡Basta!- dijo Yáñez-. ¿Quieres hacerme perder la paciencia? Quiero saber quién es ese maldito peregrino que ha puesto en armas a los dayakos y que pide la cabeza de Tremal-Naik.
-¡Señor, usted puede matarme, pero no obligarme a decir cosas que ignoro!
-¿Estás seguro?
-¡Yo no he visto nunca ningún peregrino!
-¿Y tampoco has tenido tratos con los dayakos que me han asaltado?