Los Tigres de la Malasia
Los Tigres de la Malasia -Al ver caer aquel maná los cocodrilos se levantaron; en seguida se lanzaron sobre las presas, disputándoselas ferozmente. Durante un momento no se vio más que una masa de escamas y de colas agitándose con poderosa furia, que se movÃan en todas direcciones; después se co- locaron en la orilla del banco abriendo las enormes mandÃbulas, armadas de agudos dientes, en dirección del velero, en espera de otra distribución de comida, pues se les habÃa despertado el apetito.
-Señor Yáñez- dijo el piloto mirando al portugués, como si hubiese comprendido que el hombre destinado a los cocodrilos era él, contemplando medio muerto de miedo las fauces abiertas de los monstruos-. ¡Señor!- balbució acercándose a Yáñez.
-¡Calla!- le contestó secamente.
El contramaestre ató una sólida cuerda en derredor del cuerpo del desgraciado malayo, y enseguida, suspendiéndole con sus poderosos brazos, lo arrojó fuera de la borda antes de que hubiera pensado en oponer resistencia alguna.
Podada dio un grito horrible, creyendo que iba a caer entre las mandÃbulas de aquellos reptiles formidables; pero quedó suspenso entre el agua y la borda.
Al ver aquella presa humana los cocodrilos se precipitaron en el agua, poniéndose a nadar con toda velocidad hacia el Mariana .