Los Tigres de la Malasia
Los Tigres de la Malasia El desgraciado parecía presa de un terror muy grande; pero a pesar de eso no parecía dispuesto a confesar.
-Sambigliong- dijo Yáñez tan pronto como calaron el anclote, echa unos trozos de carne salada a esos monstruos, a ver si se les despierta el apetito.
El Mariana se había detenido a muy corta distancia de uno de aquellos bancos de fango, en el cual es habían reunido cinco o seis cocodrilos: entre ellos había uno al que le faltaba la cola, perdida, según todas las probabilidades, en alguna de sus inverosímiles luchas.
Calentábanse al sol tranquilamente, y seguían medio adormilados, sin cuidarse de la cercanía del velero, pues dichos reptiles son por naturaleza poco desconfiados.
-¡Despertaos, boyos !- gritó Sambigliong, arrojando al banco varios pedazos de carne salada.