Los Tigres de la Malasia
Los Tigres de la Malasia Grandes y gruesos pelargopsis, cuyo enorme pico es del color del coral, nadaban a lo largo de los cañaverales, pescando los bellos peces llamados alcedos, y saludaban al velero lanzando un largo silbido; meciéndose en sus nidos, de la forma de una bolsa, piaban blandamente, mientras que dormitaban sobre los bancos de arena buen número de cocodrilos de cinco o seis metros de longitud, cuyos rugosos lomos estaban cubiertos por una espesa capa de fango.
-Ahí están los encargados de hacerle soltar la lengua a ese condenado malayo- murmuró Yáñez, mirando fijamente a los formidables reptiles-. ¡Qué ocasión tan hermosa! ¡Sambigliong!
El contramaestre acudió enseguida.
-Manda echar al agua un anclote.
-Nos detenemos aquí, capitán Yáñez?
-Solamente algunos minutos. Y además, acércanos cuanto puedas a uno de esos bancos.
-¿Quiere usted pescar algún cocodrilo?
-Ya lo verás; pero entretanto prepara una cuerda sólida.
En aquel momento apareció el piloto en la cubierta, con las manos atadas atrás y marchando delante del mestizo, que le gritaba y le amenazaba.