Los Tigres de la Malasia
Los Tigres de la Malasia -SerÃa una imprudencia. Esperaremos a la noche; pasaremos con más facilidad, y acaso sin que nos vean.
-¿Cuántos hombres vamos a llevar?
-No llevaremos más de veinte. Es preciso que no quede sin gente el Mariana . Si perdiésemos el barco, se perderÃa para todos, incluso para Tremal-Naik y para Damna. Mientras tanto, haremos una ligera exploración por los alrededores para que no nos tiendan un lazo. Esta tranquilidad es muy sospechosa.
Hizo poner en baterÃa las bombardas y los cañones con la boca hacia el embarcadero, levantar una barricada con barriles llenos de hierros de modo que sirviesen para resguardar mejor a los servidores de la artillerÃa, y mandó amainar las velas, sin quitarlas de los penoles, para que el buque pudiera zarpar en pocos minutos.
Terminados aquellos preparativos, Yáñez, el mestizo y el piloto, escoltados por cuatro malayos de la tripulación y armados hasta los dientes, descendieron al embarcadero para reconocer los alrededores antes de aventurarse con el grueso de la gente bajo los espesos bosques que se extendÃan entre la orilla del rÃo y el kampong de Pangutarang.