Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —¿Has pensado en las consecuencias de ese amor insensato? ¿Qué dirán tus hombres cuando sepan que el Tigre está enamorado? ¡OlvÃdala, Sandokán, vuelve a ser el Tigre de la Malasia, de corazón de hierro!
Sandokán se levantó de un salto, se dirigió a la puerta y la abrió violentamente.
—¿A dónde vas? —preguntó Yáñez.
—¡Vuelvo a Labuán! —respondió Sandokán—. Mañana dirás a mis hombres que he abandonado para siempre la isla y que tú eres su nuevo jefe. ¡Jamás volverán a oÃr hablar de mÃ, porque yo no volveré a estos mares!
—¿Estás loco? —exclamó Yáñez y lo sujetó con fuerza—. ¿Vas a volver solo a Labuán, cuando aquà hay hombres decididos a dejarse matar por ti y por la mujer que amas? He querido ver si era posible arrancar de tu alma la pasión que experimentas por esa mujer que pertenece a una raza que odias.
—Ella no es inglesa, Yáñez. Me habló de un mar más azul y más bello que el nuestro que baña las costas de su patria; me habló de una tierra cubierta de flores que domina un volcán humeante, de un paraÃso terrestre donde se habla una lengua armoniosa que nada tiene de común con la inglesa.