Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —No tengo intención de quedarme más aquÃ. Esperemos a que baje un poco la vigilancia y nos echamos a volar. Quiero saber si se han reunido nuestros barcos, porque sin su ayuda no nos será posible raptar a Mariana.
—¿Qué te parece si buscamos alguna cosa que poner entre los dientes y algo con qué refrescar la garganta? —propuso Yáñez.
—Vayamos.
El portugués creÃa ahogarse en la estufa; tomó la carabina, se deslizó hasta la portezuela y salió cuidando de no dejar en el suelo rastro de cenizas.
—¿Ves a alguien por ah� —preguntó Sandokán.
—Está muy oscuro.
—Entonces vayamos a saquear los plátanos.
Asà lo hicieron. Iban ya a volverse, cuando Sandokán se detuvo y dijo:
—Espérame aquÃ, Yáñez, quiero ver dónde están los soldados.
—Es una imprudencia —contestó el portugués—. Deja que anden por donde quieran. ¿Qué nos importa a nosotros?
—Tengo un proyecto en la mente.
—¡Vete al diablo con tus proyectos! Esta noche no se puede hacer nada.
—¡Quién sabe! —respondió Sandokán—. Quizás podamos marcharnos sin esperar a mañana. Además, mi ausencia será muy breve.