Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —¡Los perros nos han descubierto! En lontananza resonó otro ladrido.
—¿Será sólo un perro o vendrá seguido de hombres? —dijo Yáñez.
—Puede que lo siga otro perro; un soldado no podrÃa andar por este laberinto. Esperaré al animal y lo mataré.
—¿De un tiro?
—El disparo nos descubrirÃa. Empuña tu kriss, Yáñez, y esperemos.
Un enorme perro de formidables mandÃbulas y dientes agudÃsimos apareció en medio de una mata de césped.
Al ver a los piratas se detuvo un momento, los miró con sus ojos que parecÃan brasas y se lanzó adelante con un rugido aterrador.
Sandokán se habÃa arrodillado, con el kriss en posición horizontal, en tanto Yáñez cogÃa la carabina por el cañón para servirse de ella como de una maza.
Dando un brinco el perro cayó sobre Sandokán y trató de apresarlo por la garganta. Pero si aquella bestia era feroz, el Tigre de la Malasia no lo era menos.
Rápido como el rayo adelantó la mano derecha, y la hoja del kriss desapareció casi por completo entre las fauces del animal. Al mismo tiempo Yáñez le descargaba tal mazazo que le hundió el cráneo.
—¡Ya tiene bastante! —dijo Sandokán mirando al perro agonizante.