Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —¡Tristes dÃas se preparan para Mompracem! —continuó Yáñez—. Dentro de poco la formidable isla habrá perdido su prestigio y sus terribles tigres habrán desaparecido. En fin, poseemos tesoros cuantiosos y podemos ir a gozar de una vida tranquila en cualquier ciudad opulenta del extremo Oriente.
—¡Calla, Yáñez! —dijo Sandokán con voz sorda—. Tú no puedes saber qué les reserva el destino a los tigres de Mompracem.
—Puedo adivinar.
—PodrÃas equivocarte.
—¿Qué piensas?
—No puedo decirlo todavÃa, esperemos los acontecimientos. ¿Qué te parece si nos ponemos en marcha ya? Creo que allá abajo se aclara un poco la espesura.
—Vamos.
Se cogieron de las lianas y se dejaron caer al suelo. Pero no era fácil salir de la selva.
—¿Hacia dónde iremos, Sandokán? —preguntó de pronto Yáñez, que no veÃa ni el sol para orientarse a través de aquella espesura.
—Te confieso que no sé hacia qué lado ir —contestó Sandokán—. Pero me parece ver un senderillo. Quizás nos conduzca fuera de...
—Un ladrido, ¿oÃste?
—SÃ.