Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —Puesta en fuga la escolta, raptaremos a Mariana y nos volveremos de inmediato a Mompracem.
—¿Y el lord?
—Lo dejaremos que se vaya adonde quiera. ¿Qué nos importa?
—No se irá a ninguna parte, Yáñez. No nos dará un momento de tregua y lanzará contra nosotros todas las fuerzas de Labuán.
—¿Y eso te inquieta?
—¡El Tigre de la Malasia no tiene miedo de esas gentes! Tendremos que enfrentar numerosos ejércitos poderosamente armados y decididos a conquistar mi isla.
Pero allà encontrarán lo que no esperan. Bastará que yo envÃe emisarios a las demás islas de Borneo para que lleguen por docenas los paraos.
—Lo sé muy bien.
—Como ves, Yáñez, si quiero puedo desencadenar la guerra.
—Pero no lo harás, Sandokán. Cuando tengas a Mariana, no volverás a preocuparte de Mompracem ni de sus tigrecitos, ¿no es verdad?
Sandokán no contestó.
—Mariana tiene mucha energÃa y combatirÃa intrépidamente al lado del hombre que ama, pero no será nunca la reina de Mompracem, ¿no es asÃ, Sandokán?
También esta vez el pirata guardó silencio.