Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —Soy pariente del baronet William.
—Entonces sabrá que mi sobrina...
—SÃ, es la prometida de mi primo William.
—¿Cuándo encontraron a Sandokán?
—Esta mañana al amanecer, al atravesar un bosque a la cabeza de una gran banda de piratas.
—¡Ese hombre es un demonio! ¿Cómo llegó tan lejos en pocas horas?
—Dicen que llevaba caballos.
—Asà lo comprendo. ¿Y dónde está mi buen amigo William?
—A la cabeza de las tropas.
—¿Están lejos de aquà los piratas? A unos doce kilómetros.
—¿Qué más me manda decir?
—Le ruega que salga en seguida de la quinta y se vaya a Victoria. Teme que el Tigre de la Malasia con sus ochenta piratas se lance sobre la quinta.
El lord lo miró en silencio y luego dijo, como si hablara consigo mismo:
—En realidad, eso puede suceder. Al amparo de los fuertes y de los barcos de Victoria estaré más seguro que aquÃ. William tiene razón. ¡Yo le arrancaré a mi sobrina esa pasión que siente por el infame pirata y se casará con el hombre que le he destinado!
Yáñez llevó instintivamente la mano a la empuñadura del sable, pero se contuvo.