Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —¿No se ha encontrado con los piratas de Mompracem?
—No he visto ni uno solo, compañero. Esos tunantes tienen cosas más importantes que hacer que andar paseando por ahÃ.
Imitando la calma y la rigidez de un inglés, siguió al sargento hasta un elegante saloncito. Esperó un rato.
—El lord lo espera —dijo el sargento asomándose, y le indicó una puerta abierta.
El portugués sintió que un escalofrÃo le corrÃa por los huesos.
—¡Yáñez, sé prudente! —musitó.
Entró al escritorio. En un ángulo, sentado ante una mesa de trabajo, estaba el lord, con el rostro pálido y la mirada colérica.
—¿Le ha dado el baronet algún recado para m� —preguntó en tono seco.
—SÃ, milord.
—Entonces hable.
—Le comunica que el Tigre de la Malasia está rodeado por nuestras tropas cerca de la costa sur de la isla. Lord James se puso de pie con los ojos brillantes de alegrÃa.
—¿Está seguro?
—SegurÃsimo, milord.
—¿Quién es usted?