Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —¡Yáñez, el amigo, el hermano de Sandokán! ¿Dónde está él? ¿Está herido?
¡DÃgamelo todo, o me muero!
—Sandokán vive y está emboscado cerca del sendero que conduce a Victoria, dispuesto a raptarla.
—¡Gracias, Dios mÃo, por haberlo protegido! —exclamó la joven con los ojos llenos de lágrimas.
—Ahora escúcheme, milady. He venido para convencer al lord de que se retire a Victoria. Sandokán atacará la escolta y se apoderará de usted en cuanto estemos fuera de la quinta.
—¿Y mi tÃo?
—Respetaremos su vida.
—¿Adónde piensa Sandokán llevarme? A su isla.
Mariana inclinó la cabeza y guardó silencio.
—Milady —dijo Yáñez con voz grave—, no tema. Sandokán es uno de esos hombres que saben hacer feliz a una mujer. Fue terrible, cruel, pero el amor lo ha cambiado de tal modo que le juro que usted nunca se arrepentirá de ser la mujer del Tigre de la Malasia.