Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —¡Le creo, Yáñez! —exclamó la muchacha—. ¿Qué importa que haya sido tan atroz su pasado? Yo haré de él otro hombre. Abandonaré mi isla y él abandonará Mompracem e iremos tan lejos que no volverán a oÃr hablar de nosotros. Viviremos juntos, olvidados de todos, pero felices y nadie sabrá nunca que el marido de la Perla de Labuán es el antiguo Tigre de la Malasia. ¡SÃ, seré su esposa y lo amaré siempre!
—Ahora es preciso convencer a su tÃo a dirigirse a Victoria.
—Tenga cuidado, Yáñez, porque es muy desconfiado. Es verdad que usted es un hombre blanco, pero él sabe que Sandokán tiene un amigo europeo.
—Seré prudente.
El portugués salió del saloncito como embriagado por la belleza de aquella mujer.
—¡Por Júpiter! —exclamó—. ¡Empiezo a envidiar a ese bribón de Sandokán!
Lord James lo aguardaba paseándose por la habitación.
—Y bien, ¿qué acogida le brindó mi sobrina? —preguntó con ironÃa.
—Me pareció que no le gusta oÃr hablar de mi primo William —repuso Yáñez—. Poco faltó para que me echara del salón.
El lord movió la cabeza y las arrugas de su frente se hicieron más profundas.