Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —¡Tiemblo por mi isla!
—Procuraré que el lord apresure la marcha. Mientras tanto haz armar el parao y reúne aquí a toda la tripulación.
Se estrecharon la mano y se separaron.
Yáñez regresó y comenzó a pasear por el parque, pues todavía era demasiado temprano para presentarse al lord.
En una senda próxima a la casa se cruzó con Mariana.
—¡Ah, milady, qué suerte encontrarla! —dijo.
—Lo buscaba —contestó la joven—. Dentro de cinco horas salimos para Victoria, así lo ha dicho mi tío.
—Sandokán está preparado.
—¡Dios mío! —murmuró ella, y se tapó el rostro con las manos.
—¡No llore, lady Mariana! —dijo Yáñez.
—¡Tengo miedo, Yáñez!