Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem Dos cañonazos fueron la contestación. HabÃan visto la bandera de los tigres de Mompracem. El crucero apresuraba su marcha para lanzarse al abordaje del parco. Sin embargo, pronto debieron convencerse de que no era fácil perseguir a un velero como aquél. Aumentó el viento, y el barquito, con sus inmensas velas hinchadas como globos, parecÃa volar sobre las tranquilas aguas del mar.
—¿Qué quieres hacer, hermanito? —preguntó a su lado Yáñez—. ¿Piensas llevarte a ese crucero hasta Mompracem?
—No es ésa mi idea. Apenas el alba me permita distinguir la tripulación de ese barco, castigaré su insolencia. Quiero que ellos también vean quién hace fuego, y quiero mostrarles a la mujer del Tigre de la Malasia.
—¡Qué locura!
—Asà sabrán en Labuán que el Tigre de Malasia se ha atrevido a violar las costas de la isla y a enfrentar a los soldados de lord Guillonk.
—A estas horas ya nadie lo ignorará en Victoria.
—Dentro de poco castigaré a ese curioso. Ya verás, Yáñez.
Mientras hablaban, los astros palidecÃan. Dentro de pocos minutos aparecerÃa el sol.
El crucero perdÃa velocidad de segundo en segundo.
—¡Dispárale un buen tiro! —dijo Yáñez.