Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —Lo ignoro, Yáñez. Iremos donde ella quiera; muy lejos de aquÃ, espero, porque si tuviera que estar cerca no resistirÃa la tentación de volver a Mompracem.
—El combate será tremendo —dijo Yáñez, resignado—, porque el lord nos atacará con todo su odio.
—Fortaleceremos el poblado para que pueda resistir el más terrible bombardeo. ¡No será domado todavÃa el Tigre; rugirá fuerte y llevará el espanto a las filas enemigas!
—¿Y si caemos bajo el peso del número? Tú sabes que los ingleses están aliados con los holandeses para combatir la piraterÃa. PodrÃan unirse las dos flotas y dar un golpe mortal a Mompracem.
—Si me veo vencido, pondré fuego a la pólvora y volaremos todos junto con nuestro poblado y nuestros paraos. ¡Antes que me arrebaten a Mariana prefiero mi muerte y la suya!
—Esperemos que eso no suceda, Sandokán.
El pirata inclinó la cabeza y permaneció unos instantes en silencio.
—¡Fatalidad! —murmuró de pronto—. ¡Por ella debo perderlo todo, incluso ese mar que llamaba mÃo y que consideraba como si fuera sangre de mis venas! ¿Crees que yo no sufro también?