Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —Porque después Mompracem se quedará sin sus jefes —respondió éste dando un suspiro—. Mi carrera llega a su fin. Este mar, teatro de mis campañas, ya no verá surcar sus ondas a los paraos del Tigre. ¿Qué quieres? Asà estaba escrito. El amor de la niña de los cabellos de oro tenÃa que hacer desaparecer al pirata de Mompracem. ¡Es triste! Tener que decir adiós para siempre a estos lugares, y perder fama y poderÃo. No más batallas, ni abordajes sangrientos. ¡Mi corazón sufre, Yáñez, al pensar que el Tigre morirá para siempre y que este mar y mi isla serán de otros!
—¿Y nuestros hombres?
—Seguirán el ejemplo de su jefe, si asà lo quieren, y darán su adiós a Mompracem.
—¡Pobre Mompracem! —exclamó Yáñez con profunda amargura—. Quedará desierta. ¡Yo que la querÃa como si fuera mi patria!
—¿Crees que a mà no se me rompe el alma pensando que quizás no vuelva a verla más?
—¡No me puedo resignar a perder de un solo golpe todo nuestro poderÃo, que tan inmensos sacrificios nos ha costado y tantos rÃos de sangre!
—¡Que se cumpla nuestro destino! Daremos en Mompracem nuestra última batalla y después saldremos de la isla y nos haremos a la vela.
—¿Hacia dónde, Sandokán?