Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —¡Esperen! —dijo Mariana, rompiendo a llorar.
Se acercó a Sandokán y tocó su frente. Notó un ligero calor y una especie de temblor. Un momento de duda y todo se habría perdido. Retrocedió con rapidez y dijo con voz ahogada:
—¡Déjelos ir!
Los marineros levantaron las tablas y los dos piratas descendieron al mar, desapareciendo entre las aguas negras, en tanto que el barco se alejaba llevando a la afligida joven hacia las costas de Labuán.