Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —Seguir al vapor y abordarlo. Me parece que navegaba hacia las Tres islas cuando lo dejamos.
—¿Qué irá a hacer allá? ¡Aquà hay gato encerrado, hermano! ¿Qué delantera nos llevará?
—Unos cuarenta kilómetros.
—Entonces, si el viento se mantiene, podremos alcanzarlo.
En ese momento se sintieron gritos en cubierta. Subieron corriendo y vieron que del mar sacaban una caja de metal.
—¿Qué será? —dijo Yáñez, intrigado.
—¿Hemos seguido siempre la ruta del vapor, ¿verdad? —preguntó Sandokán, muy agitado.
—¡Siempre! —contestó el portugués.
Sandokán desenvainó el kriss y abrió la caja. Dentro habÃa un papel. Yáñez lo cogió y leyó:
"Me llevan a las Tres islas donde se reunirá conmigo mi tÃo para conducirme a Sarawak. Mariana". Sandokán lanzó un grito de fiera herida. —¡Perdida! —exclamó—. ¡Siempre el lord!
—¡La salvaremos, te lo juro —exclamó el portugués—, aunque tengamos que asaltar Sarawak y matar a James Brooke!
Sandokán, un instante antes abatido por aquel terrible dolor, se puso de pie con los ojos inyectados en sangre.