Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —Ya ves que no. Se refugiaron en las cercanÃas, repararon las averÃas, y bajaron a Labuán. Al no encontrarnos volvieron a Mompracem. Allà los encontré ayer por la noche.
—¿Han desembarcado en Mompracem? ¿Quién ocupa mi isla?
—Nadie, porque los ingleses la abandonaron después de incendiar la aldea y hacer estallar los últimos bastiones.
—¡Qué felicidad! —murmuró Sandokán—. ¿Y qué te sucedió a ti?
—Te vi abordar el vapor mientras yo reventaba la cañonera. Oà los gritos de victoria de los ingleses. Hui para salvar los tesoros que llevaba, y después seguà al crucero, con la esperanza de alcanzarlo y abordarlo. Y tú, ¿qué te pasó?
—Caà sobre cubierta, atontado por un golpe de mazo. Nos hicieron prisioneros a Inioko y a mÃ. Las pÃldoras que, como tú sabes, llevo siempre conmigo, nos salvaron.
—¡Comprendo! —dijo Yáñez, soltando la risa—. Los tiraron al mar, creyéndolos muertos. Pero, ¿qué ha sido de Mariana?
—¡Está prisionera en el crucero!
—¿Quién mandaba el barco?
—El baronet, pero lo maté.
—¿Y ahora qué piensas hacer?