Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem Cambiada la ruta, los piratas trabajaron febrilmente para disponerse a la lucha, que serÃa tremenda y quizás la última que emprendieran contra el aborrecido enemigo. Cargaban cañones, montaban culebrinas, abrÃan barriles de pólvora, improvisaban barricadas y preparaban las grapas de abordaje.
Sandokán los animaba.
—¡Destruiré e incendiaré a ese maldito! —exclamaba—. ¡Dios quiera que llegue a tiempo para impedir que el lord se apodere de Mariana!
—Atacaremos también al lord, si es necesario —dijo Yáñez—. Lo que me inquieta es la manera de apoderarnos del crucero. ¿Te acuerdas de lo que intentó hacer lord James cuando lo atacamos en el sendero de Victoria?
—¿Crees que el comandante haya recibido orden de matarla? —preguntó
Sandokán, que sintió que se le erizaban los cabellos.
Yáñez guardó silencio largo rato. Después su rostro se iluminó y dijo:
