Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —No es un sueño. Está con personas que lo cuidarán con afecto y harán todo lo posible por restituirle la salud.
—¿Quién es usted?
—Soy lord James Guillonk, capitán de navÃo de Su Majestad la Reina Victoria.
Sandokán dominó un sobresalto y no dejó traslucir el odio que sentÃa contra todo lo inglés.
—Le doy las gracias, milord —dijo—, por cuanto ha hecho por mÃ, por un desconocido que podrÃa ser un enemigo mortal.
—Era mi deber recoger en mi casa a un pobre hombre herido quizás mortalmente. ¿Cómo se siente ahora?
—Me siento bastante fuerte ya y no tengo ningún dolor.
—Me alegro. ¿Quién lo hirió de ese modo? Además de la bala que se le extrajo del pecho, tenÃa el cuerpo lleno de heridas de arma blanca.
Aun cuando Sandokán esperaba esa pregunta, no pudo menos de estremecerse. Pero no perdió la serenidad. —Me veo en un apuro para decirlo, pues no lo sé —contestó—. Vi un grupo de hombres que caÃa durante la noche sobre mis barcos, subÃan al abordaje y mataban a mis marineros. ¿Quiénes eran? Repito que no lo sé, porque al primer encuentro caà en el mar cubierto de heridas.