Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —Sin duda lo atacaron los Tigres de la Malasia —dijo lord James.
—¡Los piratas! —exclamó Sandokán.
—Sí, los de Mompracem, porque hace tres días merodeaban por las cercanías de la isla, pero los destruyó uno de nuestros cruceros. ¿Dónde lo asaltaron?
—En los alrededores de las Romades.
—¿Llegó a nado a nuestras costas?
—Sí, agarrado a un fragmento de uno de los barcos. ¿Dónde me encontró usted?
—Tendido en una playa, presa de un delirio terrible. ¿Adónde se dirigía cuando lo asaltaron?
—Iba a llevar unos regalos al sultán de Verauni, de parte de mi hermano, el sultán de Shaja.
—¡Entonces usted es un príncipe malayo! —exclamó el lord tendiéndole la mano, que Sandokán estrechó después de una breve vacilación.
—Sí, milord.
—Estoy muy contento de haberle dado hospitalidad. Y, si no le desagrada, iremos juntos a saludar al sultán de Verauni.
—Sí, y...
Se detuvo y alargó el cuello al oír un rumor lejano. De fuera se oían los acordes de una mandolina, tal vez la misma que oyó antes.