Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —¿Quién toca? —preguntó presa de una viva agitación cuya causa no podÃa explicarse—. Me gustarÃa conocer a la persona que toca tan bien. Su música me llega al corazón y me hace experimentar una sensación nueva para mÃ.
El lord le hizo una seña para que se acostara y salió. Sandokán sentÃa que la emoción volvÃa a apoderarse de él con más fuerza. El corazón le latÃa con violencia y su cuerpo temblaba, sacudido por extraños movimientos nerviosos.
—¿Qué me sucede? —se preguntaba—. ¿Me vuelve el delirio?
Vio entrar al lord, pero no venÃa solo.
Detrás de él se adelantaba una hermosÃsima criatura. Al verla, Sandokán no pudo contener una exclamación de sorpresa y de admiración.
Era una jovencita de diecisiete años, de estatura pequeña, pero muy esbelta y elegante, con la cintura tan estrecha que una sola mano suya podÃa abarcarla. Su piel era rosada y fresca como rosa recién abierta, sus ojos azules como las aguas del mar, sus rubios cabellos parecÃan una lluvia de oro.