Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem El almuerzo ofrecido por lord James a los invitados fue uno de los más espléndidos y alegres que se habÃan dado hasta entonces en la quinta.
Se brindó repetidas veces en honor de Sandokán y de la intrépida Perla de Labuán.
Al pasar las horas, la conversación se hizo animadÃsima; discutÃan acerca de tigres, cacerÃas, piratas, barcos. Únicamente el oficial de marina estaba silencioso y parecÃa muy ocupado en estudiar a Sandokán, pues no apartaba de él la vista ni un solo instante.
De pronto se dirigió al Tigre, que estaba hablando de la piraterÃa, y le dijo con brusquedad:
—DÃgame, prÃncipe, ¿hace mucho tiempo que llegó a Labuán?
—Hace veinte dÃas —contestó el Tigre.
—¿Por qué razón no he visto en Victoria su barco?
—Porque los piratas me robaron los dos paraos que me conducÃan.
—¡Los piratas! ¿Lo atacaron los piratas? ¿Dónde?
—En las cercanÃas de las Romades.
—¿Cuándo?
—Pocas horas antes de mi arribo a estas costas.
