Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem Muy pronto los soldados se encontraron a muy pocos pasos de su escondite. En ese momento se oyó la trompa del lord.
—¡Adelante! —mandó el cabo—. ¡El pirata está en los alrededores de la casa!
Se acercaron con lentitud. Sandokán midió la distancia, se enderezó y de un salto cayó sobre los enemigos. Partir el cráneo del cabo y desaparecer en medio de la espesura fue cosa de un solo instante.
Los soldados, asombrados por tal audacia, vacilaron un momento, lo que bastó a Sandokán para llegar a la empalizada, saltarla de un solo brinco y desaparecer por el otro lado.
En seguida estallaron gritos de furor, acompañados de varias descargas de fusilerÃa. Oficiales y soldados se lanzaron fuera del parque.
Ya libre en la espesura, donde sobraban medios para desplegar mil astucias y esconderse donde mejor le pareciera, no temÃa a sus enemigos. SentÃa una voz que le murmuraba sin cesar: "¡Huye, que te amo!"