Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —Quizás sea algún cazador que persigue a un animal —pensó.
Pero bien pronto hubo de desengañarse. Se cazaba a un hombre.
Un momento después, un malayo atravesaba corriendo la pradera, hacia un espeso grupo de plátanos.
Era un hombre bajo, no vestÃa más que unos pantalones rotos y un sombrero, pero en la diestra esgrimÃa un palo nudoso, y en la izquierda un kriss de hoja ondulada. Su carrera era tan rápida, que Sandokán no pudo verlo bien.
Se ocultó de un salto en medio de las hojas. —¿Quién será este malayo? —se preguntó Sandokán sorprendido.
De pronto cruzó por su imaginación una sospecha.
—¿Será uno de mis hombres? ¿Habrá embarcado Yáñez a alguien que me venga a buscar? Él sabÃa que yo venÃa a Labuán.
Iba a salir en busca del fugitivo, cuando apareció un hombre a caballo en los linderos del bosque. Era un soldado de caballerÃa del regimiento de Bengala.
ParecÃa furioso; maltrataba al animal espoleándolo y atormentándolo con saltos violentos. A cincuenta pasos del grupo de plátanos saltó ágilmente a tierra, ató el caballo a una rama, tomó el fusil y escudriñó los árboles vecinos.