Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —¡Por todos los truenos del universo! —exclamó—.¡No se habrá metido bajo tierra! En alguna parte debe estar escondido; esta vez no se escapa sin un balazo. Sé muy bien lo que tengo que hacer con el Tigre de la Malasia, porque no le temo a nadie. ¡Si este caballo no fuera tan pesado, a estas horas ese pirata no estarÃa vivo!
Desenvainó el sable y se metió en medio de un grupo de arecas, apartando prudentemente las ramas. Estos árboles lindaban con los plátanos donde se escondÃa el fugitivo.
Sandokán no habÃa logrado averiguar dónde se ocultaba el malayo.
—Trataré de salvarlo —murmuró—. Puede ser uno de mis hombres.
Iba a internarse entre los árboles, cuando vio que a pocos pasos se agitaban las lianas. Volvió con rapidez la cabeza y vio aparecer al malayo, que trepaba por aquellas cuerdas vegetales con objeto de encaramarse en la copa de un mango, entre cuyas espesÃsimas hojas tendrÃa un magnÃfico refugio.
—¡Tunante! —murmuró.
Esperó a que se volviera. Apenas le vio la cara estuvo a punto de lanzar un grito de alegrÃa y asombro.