Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —¿Usted vendrá conmigo?
—No, camarada. Si los dos lo perseguimos por un mismo sitio, el Tigre huirá por el contrario. Usted dé la vuelta al bosque y déjeme a mà registrar la espesura.
—Acepto, pero con una condición.
—¿Cuál?
—Que si tenemos la suerte de prender al Tigre, dividiremos el premio.
—De acuerdo —contestó Sandokán sonriendo. Esperó que el soldado desapareciera entre los árboles, y en seguida se acercó a donde estaba escondido su malayo.
—¡Baja, Giro Batol! —dijo.
No habÃa terminado sus palabras, cuando ya el malayo caÃa a sus pies, gritando con voz ahogada:
—¡Mi capitán!
—Te sorprende verme vivo, ¿verdad?
—Estaba seguro de que lo habÃan matado los ingleses —repuso el malayo con lágrimas en los ojos.
—¡Los ingleses no tienen hierro suficiente para herir en el corazón al Tigre de la Malasia! Me hirieron gravemente, pero, como ves, ya estoy sano y dispuesto a comenzar la lucha de nuevo.
—¿Y todos los demás?
—Duermen en los abismos del océano.
—Nosotros los vengaremos, capitán.