Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —SÃ, y muy pronto. Dime cómo es que te encuentro vivo.
—Un casco de metralla me hirió en la cabeza, pero no me mató. Me agarré a unos tablones y procuré dirigirme hacia la costa. Anduve errante sobre el mar algunas horas, hasta que perdà el sentido. Cuando lo recobré estaba en la cabaña de un indÃgena. Ese buen hombre me recogió cerca de la playa y me curó con gran cariño hasta que estuve completamente restablecido.
—Y ahora, ¿hacia dónde huÃas?
—Iba a la costa a echar al agua una canoa que construÃ, pero en el camino me atacó el soldado.
—¿Asà que tienes una canoa?
—SÃ, mi capitán.
—¿QuerÃas volver a Mompracem?
—Esta misma noche.
—Nos iremos juntos, Giro Batol.
—¿Quiere venir a mi cabaña a descansar un poco? Es una choza que me cedió el indÃgena.
—Vayamos de inmediato. Hay peligro de que te sorprenda ese soldado que te sigue. ¿Está muy lejos tu cabaña?
—En un cuarto de hora estaremos allÃ.
—Descansaremos un rato y después veremos el modo de hacernos a la mar.
Iban a internarse entre los grandes árboles, cuando Sandokán oyó el rumor de un furioso galope.