Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem Durante la noche la canoa avanzó sin encontrar ningún crucero. El malayo ya no hablaba, temeroso de que Sandokán lo tirara al agua.
De improviso su aguda mirada vio brillar un punto luminoso en la lÃnea del horizonte.
—¿Será un velero o un barco de guerra? —se preguntó lleno de ansiedad.
Sandokán no se daba cuenta de nada.
El punto luminoso se agrandaba rápidamente. Probablemente se trataba de un barco a vapor.
La inquietud de Giro Batol aumentaba por momentos, tanto más que el punto luminoso parecÃa dirigirse directo hacia la canoa. Pronto sobre el farol blanco aparecieron otros dos: uno rojo y otro verde.
—¡Un barco a vapor! —dijo—. ¡Mi capitán, un barco a vapor!
Esta vez el jefe de los piratas sacudió la cabeza y un relámpago sombrÃo brilló en sus pupilas. Se volvió con Ãmpetu para explorar la inmensa extensión del mar.
—¿Un enemigo? —preguntó, mientras su mano derecha buscaba instintivamente el kriss.
—Eso temo, capitán.
—Parece que corre hacia nosotros.
—Lo mismo creo yo.
—Déjalo acercarse. Recuerda que no soy el Tigre de la Malasia, sino un sargento de cipayos.