Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar -¡Tienes una frescura sin límites, ladrón! -dijo el isleño -. ¿No eres tú uno de los que se nos han llevado el carbón?
-¡Un ladrón! ¡Un ladrón de carbón! -exclamó el portugués -. ¿Qué quieres decir? ¡No te entiendo!
-¿No formaba usted parte de la tripulación de aquel barco pirata?
-¿Qué piratas? Yo soy un náufrago, y no he robado nunca nada a nadie. Soy un hombre honrado, un caballero.
-¡No, usted debe de ser uno de aquellos ladrones!
Una voz que parecía muy indignada se dejó oír en aquel momento desde detrás de la duna: era sir Moreland, que llegaba casi corriendo.
-¿Es a nosotros a quienes llama usted ladrones? -gritó -. ¿Quién es usted para atreverse a ofender a un capitán de la marina angloindia y del rajá de Sarawak?
Cuando el isleño vio aparecer aquel nuevo personaje que vestía el uniforme de comandante, aun cuando se hallaba en un estado muy deplorable, después del baño en las olas de aceite, se quedó mudo.
-¿Qué es lo que quiere usted? ¿Por qué nos amenaza? -preguntó el angloindio, simulando una viva indignación.