Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar -¡Pero si es un aliado de los piratas! ¡Mírelo usted bien, señor teniente! ¡También, pretende engañarle a usted!
Sin hacer el menor caso de las protestas del viejo ni. de las imprecaciones ni de los gritos de asombro de los isleños, el teniente había preguntado:
-¿Cómo es que se encuentra usted aquí, capitán, cuando todos le creíamos sepultado con su barco? ¡Porque esto se halla a una gran distancia de Sarawak!
-¿No se lo haz contada los marineros que dejó en libertad el corsario?
-Sí, pero nadie quiso creer lo que decían.
-Señor Leyland, ¿qué es lo que ha venido a buscar usted aquí?
-El corsario.
-Ha llegado usted demasiado tarde, y, además, le aconsejo que no mida usted sus fuerzas con ese buque. Es preciso bastante más que un crucero. ¿Quiere usted que le dé un consejo de amigo? Salga pronto, de aquí y evite encontrarse con el Rey del Mar de los tigres de Mompracem. Vámonos a bordo, y allí se lo contaré todo; pero antes déjeme que le presente a dos amigos: la señorita Damna Praat y su hermano.
Al ver que el teniente tendía la mano al portugués, el gobernador saltó como una bomba:
-¡Es un engaño! -gritó -. ¡Ese es el pirata que nos había robado! ¡Ahórquelo usted!